"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 20 de septiembre de 2011

En la mano del Señor

Sentado frente a mi escritorio, pensando en qué compartir en este espacio, observé la tapa de un pequeño libro que estoy leyendo. La foto de la tapa muestra una mano extendida que sostiene a un pajarito. Una mano y un pájaro. Entonces, me vino a la mente esto: La mano es de gran seguridad para el ave y el pájaro debe tener mucha confianza al posar sobre esa mano. De un lado, seguridad; del otro lado, confianza.
Seguridad y confianza son más que dos palabras que suenan bien. Son dos palabras que se complementan y se necesitan. Es que solamente se siente seguro quien confía y solamente confía quien se siente seguro.
Supongo que muchas veces nos vemos frágiles e inseguros como el pajarito. Expuestos a las circunstancias inestables, llevados por los vientos de los problemas y obligados a recoger lo que nos ofrecen. Otras veces, nos encontramos encerrados en dudas, temores, luchas, pecados y tantas otras cosas que nos oprimen. Tan débiles, necesitamos de gran seguridad.
Volviendo a la tapa del libro, a la fragilidad del pajarito se contrapone la fortaleza de la mano. Esa mano no es una amenaza, es una invitación a posar, a confiar y a descansar. Esa mano me recuerda al único Dios verdadero. Dios fuerte, santo, justo, bueno, amoroso y perfecto del que nos habla la Biblia. Dios dice en su Palabra: “Pon tu vida en las manos del Señor; confía en él, y él vendrá en tu ayuda” (Salmo 37.5). Acá notamos la seguridad y la confianza.
El Señor de poder y de amor quiere estar con cada uno de nosotros en toda ocasión en que nos sentimos frágiles e inseguros para darnos fortaleza y seguridad. Por supuesto, cuando en nuestra debilidad pecamos, con palabras o acciones, se disgusta porque sabe que obramos mal. Pero, cuando en nuestra necesidad sufrimos, se compadece porque sabe que no podemos andar solos con la carga.
Por eso, como dice el texto bíblico: “Confía en él, y él vendrá en tu ayuda”. Dios ya vino a nuestro encuentro en Cristo. Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, vino para rescatarnos de la más grave inseguridad, la condenación eterna; vino a darnos la mayor confianza, la fe en la gracia y en el amor de Dios, por medio de su Palabra. La obra de Cristo en la cruz es la señal perfecta de que, al confiar en él, encontramos perdón y seguridad.
¿Es Cristo tu mayor seguridad? ¿Está tu confianza aferrada a él? Dios extiende su mano cariñosa con una invitación firme, que está en la Biblia. Hemos de responder con fe, con confianza, con amor y con obediencia.
Dios promete seguridad. Nosotros podemos confiar. Solamente se siente seguro, cualquiera sea la circunstancia, quien confía en Cristo.
Arnildo Ikert, pastor.
Coronel Suárez, Bs. As. 20/09/2011.

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