"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Perdonado

Casi escondida en un rincón de un cementerio hay una pequeña lápida, castigada por años de viento, sol y lluvia. No tiene ningún nombre ni registra una fecha. Al visitante que pasa, no le dice nada acerca del fallecido cuyo lugar de reposo ella indica.
Nada, a excepción de un detalle. Aún legible en la piedra hay una palabra en letras que ni el viento ni la lluvia pudieron apagar. La palabra es perdonado.
La persona sin nombre de esa sepultura no llegó a tener un monumento. No recibió una placa en que estuviesen grabados sus logros alcanzados en vida. Sólo una piedra. Sólo una palabra: Perdonado.
¿Acaso puede haber mejor epitafio? ¿Puede existir algo mayor que haber logrado el perdón de Dios? A las puertas de la muerte, cuando todas las cosas de esta vida quedan atrás, ¿qué palabra sería capaz de dar tranquilidad, seguridad y paz si no ésta, perdonado?
Gracias a Dios, esa palabra consoladora puede ser el epitafio de todos los creyentes en Cristo. Por medio de la persona y la obra de Cristo Jesús, por su muerte y su resurrección, llegamos a ser hijos perdonados de Dios. Dice la Biblia: “Hijitos, les escribo a ustedes porque Dios, gracias a Jesucristo, les ha perdonado sus pecados.” (1 Juan 2.12).
El apóstol Juan, quien escribió las palabras arriba citadas, también agregó: “La sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado... si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad.” (1 Juan 1.7, 9). Por eso, para ti y para mí no puede haber epitafio más glorioso y más victorioso que la única palabra, perdonado. Cristo lo ha logrado y podemos creer en él.
Arnildo Ikert, pastor.
Coronel Suárez, Bs. As. 21/09/2011.

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