"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 11 de octubre de 2011

Dios es nuestro refugio

La pérdida de la esperanza, la ausencia de seguridad y la falta de amor se combinaron en un joven para causar su muerte en cierto barrio de una gran ciudad. Alguien le había dicho algo que no le gustó y, para vengarse, fue a su casa y volvió con un arma. Llamaron a la policía. Cuando ésta llegó, el joven salió corriendo, disparándole. Para proteger a las demás personas, la policía disparó al joven. El muchacho perdió la vida con tan solo veinte años. Luego, se informó que él le había dicho a un familiar esa mañana: “Hoy es un buen día para morir”. ¿Qué le llevó a este joven a tal desesperación? Seguramente, en el decir de Pablo, el joven se encontraba “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2.12).
Hubo un día en que el profeta Elías se sintió así y quería morir. Acababa de experimentar una gran victoria sobre los profetas de Baal, pero en ese momento, la esposa del rey, Jezabel, le había amenazado con matarlo. Por falta de seguridad y por miedo, huyó al desierto. “Entonces deseó la muerte y dijo: ‘Basta ya, Jehová, quítame la vida’” (1 Reyes 19.4).
Tal vez pensemos que Elías estaba exagerando, pero los sentimientos de desesperación y de inseguridad son verdaderos. El Señor sabía muy bien que Elías necesitaba restauración, por eso proveyó para sus necesidades. Le sirvió “una torta cocida sobre las ascuas y una vasija de agua” (1 Reyes 19.6). El Señor se reveló a Elías, no en “un terremoto” ni en “un fuego”, sino en “un silbo apacible y delicado” (1 Reyes 19.11-12). Además, le renovó su sentido de propósito en la vida encomendándole un trabajo (1 Reyes 19.15-17). Finalmente, Dios le dio esperanza y seguridad recordándole que no estaba solo. Todavía quedaban “siete mil” hombre consagrados al verdadero Dios todopoderoso (1 Reyes 19.18).
En Dios, nuestro refugio, encontramos esperanza firme, seguridad plena y amor inmenso. Todo esto nos lo concede gratuitamente en Cristo Jesús, por medio de su Palabra y su Santo Espíritu. Sí, “Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia” (Salmo 46.1).
Arnildo Ikert, pastor.
Coronel Suárez, Bs. As. 11/10/2011.

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