"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 18 de octubre de 2011

Dolor

Mucho dolor, sin dudas, hay en este mundo. Jesús mismo dijo: “En el mundo, ustedes habrán de sufrir” (Juan 16.33). El dolor hiere de diversas maneras la vida de los seres humanos. Muchos piensan que sufren solos, sin que nadie sepa de la gravedad de sus dolores, que a nadie le interesa lo que ellos padecen. Y eso, por supuesto, aumenta el sufrimiento.
El dolor es inevitable, pero todo dolor tiene una razón de ser. Aún más, cada dolor nos ofrece la posibilidad de obtener algún provecho. Leí esta frase en un libro, hace poco: “Sí, creo que todo sufrimiento contiene por lo menos la oportunidad para lo bueno, pero no todas las personas se dan cuenta de esa potencial”.
El escritor inglés C.S. Lewis dijo: “Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero nos grita en nuestros dolores.” Hay algo que, tal vez, Dios busca decirnos desde hace tiempo, pero no le hemos prestado oído. Muchos dolores hemos sufrido, pero rara vez nos hemos preguntado qué quiere decirnos Dios con ellos.
Quiero que meditemos en las palabras del apóstol Pablo, quien escribió: “Por eso, para que yo no me crea más de lo que soy, he tenido un sufrimiento, una especie de espina clavada en el cuerpo, que como un instrumento de Satanás vino a maltratarme. Tres veces le he pedido al Señor que me quite ese sufrimiento; pero el Señor me ha dicho: “Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad.” Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Y me alegro también de las debilidades, los insultos, las necesidades, las persecuciones y las dificultades que sufro por Cristo, porque cuando más débil me siento es cuando más fuerte soy.” (2 Corintios 12.6-10). El apóstol Pedro nos recuerda: “Para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2.21).
Que el Señor conceda a todos sus amados a conocer su voluntad, comprender su camino y confiar en su amor, manifestado en Cristo Jesús.
Arnildo Ikert, pastor.
Coronel Suárez, Bs. As. 18/10/2011.

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