"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

miércoles, 4 de enero de 2012

¡Esas ofensas!

Dice la Biblia, «la cordura del hombre detiene su furor, y su honra es pasar por alto la ofensa» (Proverbios 19.11). Suena muy lindo, pero ¡qué complicado es llevarlo a la práctica! ¿No es cierto? Porque si hay algo en verdad difícil de aceptar, es la ofensa recibida.
¿Cuáles son algunos obstáculos que nos impiden pasar por alto una ofensa, y restaurarnos de la herida que pudo habernos causado?
1. Ser demasiado sensible. La persona que sufre esta condición, casi siempre, tiende a resentirse con facilidad y a dejarse ofender por quienes le rodean.
2. Vivir a la defensiva. Básicamente, esto implica andar buscando enemigos por doquier. “¿Por qué me miró de esa forma?”. “¿Qué quiso decir con sus palabras?”, etc.
3. Propensión a la ira. Una persona así, por lo general tiene cierta ira reprimida.
4. Ser altamente reactivo. Esto es casi un derivado de la propensión a la ira, y resulta en ser, en extremo, alérgico a las demás personas: a la forma que ellas hablan o actúan.
5. Ser demasiado idealista en las relaciones.
¿Cómo luchar constructivamente con las ofensas recibidas? Pablo dijo: “Por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres” (Hechos 24.16). ¿Cómo pasar por alto la ofensa recibida? Es decir, ¿cómo enfrentarla constructivamente?
1. Aprender a condescender con el ofensor. Esto implica ponerse «en los zapatos» de quien ha ofendido.
2. Ser pragmático y objetivo. No dejarse llevar por sentimientos y emociones.
3. Alejarse de toda actitud de sospecha respecto a los motivos ajenos.
4. Vivir y dejar vivir.

5. Perdonar al ofensor. El perdón es como un purificador de la propia vida; ya que al hacerlo el más beneficiado no será el ofensor, sino uno mismo. La paz vendrá a la vida; y no importa lo que haya sucedido, ni cuán grande haya sido la ofensa.
Dios aconseja lo mejor, así: “Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia. Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4.31-32).

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