"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

lunes, 9 de enero de 2012

Esperar la cosecha

Un pequeño niño arruinó el jardín de su abuelo al sacar las semillas unos días después de que las había plantado. Estaba ansioso por ver si las semillas estaban creciendo.
Siembre las semillas del evangelio, cultive la tierra y riegue las plantas –y la cosecha vendrá naturalmente. Al igual que los agricultores con sus cultivos, no comprendemos totalmente cómo crece el evangelio de Dios, pero crece. Con evangelio nos referimos a la buena noticia de que Jesús, por su muerte y su resurrección, es el único y suficiente salvador de la humanidad. El que en él cree recibe perdón, vida y salvación.
Como lo enseñó Jesús, el crecimiento del evangelio es de fiar, aunque es imperceptible. El crecimiento en el reino de las plantas es asombrosamente poderoso. Después de que hacemos todo lo que podemos para ayudar al crecimiento del evangelio, es hora de confiar en la enseñanza bíblica: «un hombre echa semilla en la tierra; y duerme y se levanta, de noche y de día, y la semilla brota y crece sin que él sepa cómo. Porque de suyo lleva fruto la tierra, primero hierba, luego espiga, después grano lleno en la espiga» (Marcos 4.26-28). Luego Jesús agrega: «y cuando el fruto está maduro, en seguida se mete la hoz, porque la siega ha llegado» (Marcos 4.29). Pablo entendía cómo hacer crecer una iglesia como Dios quiere. Escribió a la iglesia de Corinto: «Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios» (l Corintios 3.6).
Vuelva a escuchar las palabras alentadoras e insistentes de nuestro Señor: «Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega» (Juan 4.35).

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