"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

sábado, 21 de abril de 2012

¿Venganza o perdón?

Llega un señor a una cafetería y dice: –Mesero, tráigame un café.
Se lo toma, lo disfruta y al terminar dice: –Disculpe mesero, ¿cuánto es?
–Son doce pesos.
Mete la mano a su bolsillo, cuenta 12 pesos en monedas y se las echa al piso. –Cóbrese y gracias. Se retira del lugar. El mesero tuvo que recoger del piso todas las monedas, y lógicamente se molesta.
Al otro día llega el mismo señor. –Mesero tráigame un café.
Le sirve el café.
–¿Cuánto te debo?
–Son 12 pesos, señor.
Mete la mano a su bolsillo, busca 12 pesos y se los echa al piso nuevamente. –Cóbrese y gracias. El mesero se queda disgustado recogiendo las monedas del piso. Y piensa: “Pero ya no me la vuelve a hacer”.
Al otro día llega el mismo señor. –Mesero tráigame un café.
Le lleva el café y después de rato… –¿Cuánto va es?
–Son 12 pesos.
¿Y qué saca el señor? Un billete de 20 y se lo da al mesero. –Cóbrese por favor.
El mesero piensa: “Ahora si me la voy a cobrar”.
Va a la cajera y le dice: Cóbrate 12 pesos pero dame cambio de puras moneditas de 10 centavos, por favor.
Le da el cambio en monedas de 10 centavos y ahí va el mesero muy contento por lo que va a hacer. Llega con el señor y le tira el dinero al piso.
–Ahí está su cambio, señor.
El señor tranquilamente mete la mano a su bolsillo, saca 4 pesos se los da al mesero, y le dice: -Tráigame otro café, por favor.

Dice Pablo: “Queridos hermanos, no tomen venganza ustedes mismos, sino dejen que Dios sea quien castigue; porque la Escritura dice: “A mí me corresponde hacer justicia; yo pagaré, dice el Señor.” (Romanos 12.19). Cuando alguna persona nos hiere profundamente, en lugar de reaccionar como merece, Pablo dice que hay que ser amistoso. ¿Por qué nos dice Pablo que debemos perdonar a nuestros enemigos? (1) El perdón puede romper un ciclo de represalias y guiar a una mutua reconciliación. (2) Puede lograr que el enemigo se avergüence y cambie de conducta. (3) Por contraste, devolver mal por mal nos hiere tanto a nosotros como a nuestro enemigo. Aunque su enemigo nunca se arrepienta, al perdonarlo usted se sentirá libre del gran peso de la amargura.

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