"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 10 de mayo de 2012

¿Cómo superar el desánimo?


Un asunto que afecta a muchas personas es el desánimo, pues es un pensamiento que produce desesperanza y, como consecuencia, interfiere en la comunión con Dios. El Señor sabe que en cualquier momento podemos caer en desánimo y, por esa razón, dice: “Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas” (Josué 1.9).
La palabra griega adsumeó (desánimo) significa estar sin fuerzas para seguir adelante o estar abatido. Es como una idea fija que se apodera de nuestro ser y nos paraliza. El desánimo es como la pérdida de todas nuestras facultades emocionales, espirituales y físicas, pues nuestra mente sufre un bloqueo que impide que actuemos según los principios que Dios ha establecido. Nosotros somos como una batería y necesitamos estar “conectados” con el Espíritu Santo a la palabra de Dios, pues podríamos “descargarnos” –desanimarnos.
Una persona desanimada se aísla de los demás. Por ejemplo, puede dejar de asistir a la iglesia y, como resultado, desanima a los miembros de su familia. Puede tener pensamientos como: “Dios no me toma en cuenta”. “¿Cómo Dios va a permitir este problema en mi familia?”. “Estoy viviendo una situación difícil y a nadie le importa”. Una persona desanimada no siente ni experimenta la presencia de Dios en su vida y por eso se vuelve insensible a la necesidad de la gente, de la oración y de la palabra de Dios. Cree que ha perdido valor, pues en la mayoría de las veces no entiende lo que está pasando con su vida. En la mayoría de los casos la persona se desanima por alguna pérdida o fracaso en su vida, sea espiritual o personal.
¿Cómo podemos vencer el desánimo? El apóstol Pedro escribió: Humíllense, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él los enaltezca a su debido tiempo. Dejen todas sus preocupaciones a Dios, porque él se interesa por ustedes” (1 Pedro 5.6-7). Pedro recomienda que pongamos nuestra esperanza en Dios, abandonándonos en sus manos. Este versículo está formado por una cita tomada del Salmo 55, que dice: “Deja tus preocupaciones al Señor, y él te mantendrá firme; nunca dejará que caiga el hombre que lo obedece” (Salmo 55.22).
Los méritos de Cristo, su muerte y su resurrección en favor y en lugar de los pecadores, son nuestra fuerza para superar momentos de tribulación. Cristo, al creer en él, nos da paz.

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