"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 15 de mayo de 2012

Día internacional de la familia

La unidad de la familia es aquello sobre lo cual descansa toda la estructura social humana. El hogar, la morada de la familia, sea una cabaña o una palacio, es la defensa de la comunidad. Sobre el hogar descansa el edificio de la civilización. Si él desaparece, desaparece la nación. La importancia del hogar y de la vida hogareña conforme a los mandatos de Dios se ve de lejos, aunque en este tiempo la familia como institución del Señor está en riesgo.
No obstante, la familia cristiana es un santuario en medio de un mundo sin Dios y sin Cristo, donde las preciosas almas de los hijos son guardadas de su contaminadora influencia. El hogar cristiano es un sagrado refugio donde Dios y su Cristo son reconocidos, y donde su Espíritu mora; donde su Palabra brilla como la lámpara y alumbra la casa; donde el evangelio es continuamente relatado, señalando el camino al cielo a todos los que allí moran.
Aun cuando el pecado ha entrado en el mundo y lo ha dañado todo, la introducción de la fe Cristo en esas relaciones de familia hace de ellas un lugar para la obra de la gracia que tenemos en Cristo, de modo que la humildad, la ternura, mutua ayuda y generosidad, ejercidas en medio de las dificultades y dolores que el pecado ha causado, imparten a esas relaciones un encanto y una profundidad mayores que los que pudieron ser conocidos en el estado de inocencia del Edén.
El verdadero hogar cristiano es donde al Señor se le da su justo lugar y donde cada miembro de la familia obra en armonía conforme a los propósitos de Dios, donde el amor de Dios es conocido y derramado en el corazón y es el elemento gobernante en el hogar. Aquí la palabra de Dios es leída y ejecutada, aunque quizás en mucha flaqueza, y donde se escuchan la oración y la alabanza. Aquí se siente el ambiente del cielo, y al igual que los hijos de Israel antiguamente, tales hogares tienen “luz en sus habitaciones” (Éxodo 10.23), cuando todo alrededor está en tinieblas. Cada hogar cristiano verdadero refleja algo de aquel Hogar celestial hacia el cual estamos viajando porque Cristo, la Luz del mundo, brilla.

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