"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

miércoles, 23 de mayo de 2012

Por el espejo retrovisor

Creo que uno bien puede ver mejor la mano de Dios en la vida por “el espejo retrovisor”. Al mirar hacia atrás, es más fácil entender por qué el Señor nos puso en la familia que estamos, con esas personas y situaciones; permitió que sufriéramos dificultades; hizo que disfrutáramos tranquilidades; nos llevó a distintos lugares y nos dio diferentes trabajos.
En cuanto a mi vida, muchas cosas se explican –no a la perfección; ¡eso será en el cielo!– acerca de la sabia y amorosa voluntad del Señor cuando reflexiono sobre cómo dirigió y dirige mi andar según “las obras de [sus] manos” (Salmo 92.4). Como al salmista, me da alegría y despierta una alabanza en mi corazón ver cuán a menudo y con qué fidelidad Dios me ha ayudado y dirigido, y controlado las consecuencias.
Al mirar el futuro, en cambio, no siempre es tan claro. Tengo ese sentimiento de incertidumbre porque el camino por delante parece torcido, nublado y aterrador. Sin embargo, con la certeza del cuidado del Señor en el pasado; con la seguridad de su compañía en el presente, confío en su dirección en el porvenir. Su promesa es clara: “No te desampararé, ni te dejaré”. Entonces, puedo decir con confianza: “El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Hebreos 13.5-6). Recuerdo una canción que cantamos: “Cristo está conmigo, junto a mí va el Señor. Me acompaña siempre, en mi vida, hasta el fin”.

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