"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

miércoles, 16 de mayo de 2012

¿Quién es tu Dios?

¿Quién es tu Dios? Esa es la pregunta más importante para todos los seres humanos. De la respuesta a esta pregunta fluyen las decisiones, los conceptos y las emociones que determinarán la dirección de nuestra vida.
El grupo de música Maná, canta: “Hay amor, tú eres mi religión, tu eres luz, tu eres mi sol”. Para algunos, la persona enamorada llega a ser su dios; tristemente, algunos han abandonado la fe para ir detrás de algún ser humano. Esa persona, por más que ame y haga feliz, no podrá salvar. Para otros, su dios es su propia persona. Todo el universo, a su pensar, gira en torno a sus deseos, sus necesidades, sus pensamientos. Son como el Narciso de la leyenda, que viéndose reflejado en un lago, se enamoró de su propio reflejo.
Las personas fabrican muchos dioses para sí mismos, según su propia imagen y semejanza, como leemos en Isaías: “Los que modelan imágenes de talla, todos ellos son nada, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos, para su confusión, son testigos de que los ídolos no ven ni entienden. ¿Quién fabrica un dios o quién funde una imagen que para nada es de provecho?... El herrero toma la tenaza, trabaja en las brasas, le da forma con los martillos y trabaja en ello con la fuerza de su brazo; luego tiene hambre y le faltan las fuerzas; no bebe agua, y se desmaya. El carpintero tiende la regla, lo diseña con almagre, lo labra con los cepillos, le da figura con el compás, lo hace en forma de varón, a semejanza de un hermoso hombre, para tenerlo en casa. Corta cedros, toma ciprés y encina, que crecen entre los árboles del bosque; planta un pino, para que crezca con la lluvia. De él se sirve luego el hombre para quemar, toma de ellos para calentarse; enciende también el horno y cuece panes; hace además un dios y lo adora; fabrica un ídolo y se arrodilla delante de él. Una parte del leño la quema en el fuego; con ella prepara un asado de carne, lo come y se sacia. Después se calienta y dice: "¡Ah, me he calentado con este fuego!" Del sobrante hace un dios (un ídolo suyo), se postra delante de él, lo adora y le ruega diciendo: "¡Líbrame, porque tú eres mi dios!" No saben ni entienden, porque cerrados están sus ojos para no ver y su corazón para no entender” (Isaías 44.9-18).
¿Qué hacemos nosotros? ¿Damos testimonio de Dios, el único y el verdadero, que es rico en perdonar por gracia, por medio de la fe en Cristo Jesús, su amado Hijo? ¿O preferimos callar?
Cuando el apóstol Pablo en su segundo viaje misionero llegó a Atenas, la capital de Grecia y del saber en aquella época, encontró a la gente hundida en la idolatría. ¡Hasta un altar para el “Dios desconocido”! Los sabios de aquellos tiempos nos conocían al Dios vivo y verdadero, que llamó a todas las personas al arrepentimiento de sus pecados, que juzgará a todos cuando llegue el día de la resurrección. Pero, los sabios de Atenas se burlaron del mensaje del apóstol y lo llamaron de palabrero e ignorante y prefirieron quedar con sus dioses.
¿Quién es tu Dios? ¿Es el Dios que perdona, ama, protege y salva por la fe en Cristo o es tu dios uno de propia invención? El verdadero Dios se revela en la Biblia y llama a la fe por obra del Espíritu Santo a través del puro y santo evangelio. Cree y confía en él por sobre todas las cosas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario