"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

lunes, 21 de mayo de 2012

Violín de tres cuerdas

Cierta vez el violinista Itzhatk Perlman sufrió un grave contratiempo al comenzar una presentación en el «Lincoln Center» de Nueva York: se cortó una de las cuerdas de su violín, la cual salió disparada como una bala por el salón. El público enmudeció. Perlman se quedó quieto, como cavilando. En ese momento cabían dos posibilidades: cambiar el violín o reemplazar la cuerda rota.
Perlman no hizo ni una ni otra cosa. Hizo un gesto al director para que la orquesta siguiera. Luego, tocó con tanta pasión, con tanto poder y con tanta claridad, como nunca antes nadie había escuchado.
Cualquiera sabe que es imposible tocar una obra sinfónica con solo tres cuerdas. Pero esa noche Perlman se rehusó a saberlo. Se podía observar cómo modulaba, cambiaba y recomponía esa pieza en su cabeza. Por momentos, parecía como si él estuviera desentonando las cuerdas para obtener sonidos que ellas nunca antes habían hecho.
Cuando terminó, hubo un silencio impresionante en el salón. Después, vino la aclamación. La gente quiso demostrarle cuánto apreciaban el esfuerzo que él había realizado. Perlman sonrió, se secó el sudor de las cejas, alzó su arco pidiendo silencio, y dijo, con tono tranquilo y reverente:
— Ustedes saben, algunas veces la tarea del artista es averiguar cuánta música podemos producir con lo que nos queda.
Este violinista nos recuerda a Dios, quien también a menudo se queda con un violín de tres cuerdas en su mano. Puede ser un hombre con un corazón destrozado, una mujer con su honra perdida, o un joven con una temprana devastación y un futuro incierto.
Tal vez convenía más a Dios arrojar el violín malogrado y tomar otro nuevo. Sin embargo, como él es persistente con lo suyo, y diestro, no hace lo que nosotros hubiéramos hecho. Él sabe cómo pulsar cada una de las cuerdas que le quedan al violín herido y en qué momento, para sacar de él las mejores melodías.
Para que no quede ninguna duda de que no es por la excelencia del instrumento… Cuando esto ocurre, todos nosotros aclamamos al gran Artista.

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