"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 7 de junio de 2012

Con Cristo

Una enfermedad, un trabajo o una difícil situación pueden entorpecer o impedir que nos comuniquemos con otros. El mudarnos o cambiar de empleo también pueden hacer que nos sintamos solos. Pero, una vez que pasa ese “período”, el sentimiento desaparece.
Todos nos sentimos solos en algún momento. Sin embargo, sentirse solo no es lo mismo que estar solo. Lo primero, sentirse solo, da la sensación de separación de las personas, lo cual puede profundizarse con el tiempo. Nuestra mente comienza a decirnos que a nadie le interesa lo que pensemos o hagamos. Construimos murallas alrededor de nuestro corazón y no les permitimos el acceso a muchas personas. Cuanto más nos retiramos, peor nos sentimos. No tenemos paz mental y la soledad nos angustia.
Dios nunca tuvo la intención de que viviéramos desconectados unos de otros. Desde el principio, su plan perfecto fue que disfrutáramos de una relación íntima con él y con las otras personas. Primero, Dios tuvo contacto con Adán y luego le dio una compañera para su vida, Eva. Nuestro Creador sabía que no era bueno que viviéramos solos (Génesis 2.18).
Notemos el orden: la relación con Dios está antes que la relación con las personas. Si no tenemos una relación de fe con Dios, nunca tendremos perdón, paz y esperanza. Y la única manera de estar conectado con Dios, es por la fe en Jesucristo por medio de la Palabra (Juan 14.6). En Cristo amamos a Dios y al prójimo.

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