"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 5 de junio de 2012

Día mundial del medio ambiente

Leí en algún lugar la frase: “¿Será que se llama medio ambiente porque sólo queda la mitad?”. Como cristianos tenemos la responsabilidad de cuidar nuestro mundo. Debemos cuidar cada recurso que Dios nos dio. Dios nos ha encomendado tratar responsablemente todo lo que ha provisto. Sin embargo, esto tiene poco que ver con el movimiento del medio ambiente. El movimiento del medio ambiente tiene como propósito preservar el planeta para siempre. Pero, sabemos que esto no es parte del plan de Dios.
La tierra en que nosotros vivimos no es un lugar permanente. Es una tierra desechable y de corta existencia. Ha existido por pocos miles de años y tal vez dure por algunos miles más. Luego, el Señor la destruirá. Los especialistas del medio ambiente dicen que la humanidad está destruyendo el planeta, esto es verdad, pero que esperen ver lo que Jesús va a hacer. Pedro dice: “El cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos… el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada” (2 Pedro 3.7, 10).
Aunque esta tierra es nuestra casa temporal, debemos tomar el tiempo para disfrutar la belleza de Dios, cuidar el jardín y las flores; disfrutar los bosques; conservar el agua. Dios creó esos lugares para nuestra comodidad y para disfrutarlos. Debemos ser agradecidos. Entender esto nos hace mantener un balance de nuestra libertad de usar y la responsabilidad de mantener la tierra.
Esta tierra no fue planeada para existir por siempre, no es eterna. Dios va a crear un nuevo cielo y una nueva tierra. Este lugar el Señor nos ofrece por gracia y lo recibimos por la fe en Cristo Jesús, el único y suficiente salvador. El que cree en el Hijo (Jesucristo) tiene vida eterna” (Juan 3.36).

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