"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 19 de junio de 2012

Vamos a orar

La oración es inseparable de la vida espiritual de un creyente; es lo que mantiene viva su fe. Una persona que se ha convertido en hijo de Dios, desea hablar o comunicarse con su Padre en los cielos; por lo tanto, ella ora. Las Escrituras dicen: «Habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos ¡Abba!, Padre» (Romanos 8.15).
Oramos con palabras, cantadas o habladas; pero también los pensamientos, las meditaciones, los deseos del corazón son oraciones. «Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Jehová, Roca mía, y Redentor mío» (Salmo 19.4). «El deseo de los humildes oíste, oh Jehová» (Salmo 10.17).
Aun cuando conscientemente no estén ocupados en la oración, los cristianos siempre están en el espíritu de oración, siempre agradecidos por los favores recibidos, siempre dependiendo de Dios por su ayuda; «Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu» (Efesios 6.18). Del Espíritu de Dios morando en los corazones de los creyentes, leemos: «Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos» (Romanos 8.26, 27).

No hay comentarios:

Publicar un comentario