"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 10 de julio de 2012

"En el horno"

A veces nos encontramos en situaciones adversas y complicadas. “Estoy en el horno”, decimos. Hay una historia bíblica que, literalmente, cuenta de hombres que fueron expuestos al castigo en un horno de fuego. La condena fue por causa de mantener su fe en el Dios vivo y verdadero del que nos comenta la Biblia. En el relato de Daniel 3 se habla de Sadrac, Mesac y abed-nego, tres héroes espirituales que estaban dispuestos a honrar a Dios ya fuera que él los rescatara del horno o no.
Cuando los cristianos hablamos de esta historia, por lo general, nos centramos en la milagrosa liberación. Pero los tres colegas de Daniel no tenían ni idea de lo que sucedería si se negaban a adorar la imagen de oro levantada por Nabucodonosor. Estos tres hombres le dijeron: Nuestro Dios, a quien adoramos, puede librarnos de las llamas del horno y de todo el mal que su Majestad quiere hacernos, y nos librará. Pero, aun si no lo hiciera, sepa bien su Majestad que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos ante la estatua de oro” (Daniel 3.17-18).
¿Creían ellos que Dios los podía librar? Sí. ¿Estaban seguros de que los salvaría de la muerte en el horno de fuego? No. Habían decidido confiar en Dios y obedecerlo independientemente del resultado: Aun si no lo hiciera.
¿Tenemos ese espíritu de fe y de obediencia o queremos que Dios nos garantice nuestra seguridad y prosperidad? Sadrac, Mesac y Abed-nego, en confianza plena, se colocaron en las manos de Dios y le dejaron a él el resultado. Ese es el tipo de fe que nos inspira a permanecer fieles a Jesús, nos rescate o no.

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