"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

viernes, 27 de julio de 2012

Hambre y sed de justicia

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mateo 5.6).
El hambre y la sed son dos condiciones trágicas para un número creciente de personas en el mundo. Desde el punto de vista médico, sin embargo, el hambre y la sed son señales de vida y de salud. Son términos que expresan una conciencia de aguda necesidad de algo esencial para la vida. El término “justicia” tiene varios significados en el Nuevo Testamento. Acá, puede referirse a aquellos cuyo deseo supremo es conformarse enteramente a la voluntad de Dios; anhelan no tanto ser ricos o eruditos como ser santos. Puede referirse también a la justificación de los pecadores ante Dios o a esa conformidad espiritual y completa a la ley de Dios que los creyentes lamentan no poseer y cuya posesión constituye la única y verdadera santidad.
Así como Jesús satisfizo el hambre de las multitudes cuando estaba en la tierra, promete satisfacer el hambre y sed de sus discípulos que anhelan la justicia de Dios en sus vidas. Son dichosos porque ellos tendrán la completa satisfacción de ver la manifestación de la justicia de Dios en su propia vida y en el mundo, parcialmente ahora y perfectamente en la vida más allá.
Como escribió el apóstol Pablo: “Sean puros e irreprochables para el día de Cristo, llenos del fruto de justicia que se produce por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios” (Filipenses 1.10-11).

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