"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 26 de julio de 2012

Los mansos

Bienaventurados los mansos, porque recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5.5).
Los mansos son “bienaventurados”. Los mansos son los que se someten calladamente a Dios; los que pueden tolerar insultos; son callados o devuelven una respuesta blanda; los que, en su paciencia, conservan el dominio de sus almas.
La mansedumbre, en el hombre, es un estado de ánimo contrario al orgullo y a un espíritu peleador y vengativo; más bien acepta la injuria y consiente en ser defraudado (1 Corintios 6.7); no se venga a sí mismo, antes da “lugar a la ira de Dios” (Romanos 12.19); es como aquel, Jesús, que siendo manso, “cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2.23).
Estos mansos son bienaventurados aun en este mundo. La mansedumbre fomenta la riqueza, el consuelo y la seguridad, aun en este mundo. Cuando se deleitan en el Señor, él les da los deseos de su corazón; cuando le encomiendan su camino, él los prospera, exhibe la justicia de ellos como la luz, y sus derechos como el medio día: lo poco que ellos tienen, aun después de haber sido despojados, es mejor que las riquezas de muchos impíos (Salmo 37).

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