"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 24 de julio de 2012

Los que lloran

“Bienaventurados los que lloran, porque recibirán consolación” (Mateo 5.4).
Hay muchos motivos que llevan a los hombres a llorar; motivos de temor, enojo, gozo, dolor, pérdida material. Pero, el motivo aquí es un motivo moral y espiritual, un reconocimiento de su pecado y ofensa ante Dios, dolor por su desobediencia y fracaso (ver Lucas 22.62), y compasión por la condición espiritual de los que nos rodean. Las lágrimas manifiestan un sincero arrepentimiento y deseo de reconciliarse con su Señor.
Ellos “recibirán consolación” (v. 4b). Es una promesa firme del Señor. El verbo en tiempo futuro no indica que tendrán que esperar para recibir la consolación, sino expresa más bien certeza de que efectivamente recibirán consuelo. No se menciona el agente que produce la consolación, pero es evidente que el Consolador es Jesús mismo por medio del Espíritu Santo (ver Juan 14-16). Es una perfecta consolación porque el Consolador es perfecto. Para experimentar esta consolación que Jesús promete, primeramente es necesario experimentar la aflicción y lágrimas que llevan al arrepentimiento y compasión.

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