"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 19 de julio de 2012

Perdonado

Dijo Jesús a su opositores: “De cierto os digo que todos los pecados y las blasfemias, cualesquiera que sean, les serán perdonados a los hijos de los hombres” (Marcos 3.28).
Podemos notar acá la gloriosa declaración que hace nuestro Señor respecto al perdón de los pecados. Estas palabras pasan desapercibidas para muchas personas o son oídas con indiferencia sin descubrir en ellas ninguna belleza especial; pero el hombre que tiene la convicción de sus pecados y que siente profundamente la necesidad de perdón, esas palabras son dulces y preciosas. “Todos los pecados serán perdonados”. Los pecados de la juventud y de la ancianidad; los de pensamiento, de obra, de lengua y de imaginación, los pecados de los perseguidores como Saulo, los de los idólatras como Manasés, los de los enemigos declarados de Cristo, como fueron los que lo crucificaron, los pecados de los que abandonan a Cristo y de él se separan, como Pedro, todos, todos pueden ser perdonados. La sangre de Cristo puede lavarlos todos; la justicia de Cristo puede cubrirlos todos, y ocultarlos a los ojos de Dios.
La doctrina que aquí se establece es la corona y la gloria del evangelio. Lo primero que propone al hombre es libre perdón, absolución entera, remisión completa, sin dinero y sin precio. Sabed, pues, esto, hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados, y que de todo aquello de que no pudisteis ser justificados por la Ley de Moisés, en él es justificado todo aquel que cree” (Hechos 13.38-39).
Creamos esta doctrina sin demora si antes no lo hemos hecho; tanto nos interesa a nosotros como a los demás. Nosotros también, si hoy nos acercamos a Cristo, podemos ser perdonados. Adhirámonos firmemente a esta doctrina si es que ya la hemos aceptado. Quizás nos sintamos algunas veces desfallecidos, indignos y abrumados; pero si verdaderamente nos hemos acercado a Cristo, nuestros pecados quedarán perdonados. Dios los apartará de su vista, los borrará del libro de los recuerdos, los hundirá en el fondo del océano. Creamos en Cristo y no tengamos miedo.

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