"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 14 de agosto de 2012

El poder de Jesús

“Entonces mandó a la multitud que se recostara en tierra, tomó los siete panes y, habiendo dado gracias, los partió y dio a sus discípulos para que los pusieran delante; y los pusieron delante de la multitud. Tenían además unos pocos pececillos; los bendijo y mandó que también los pusieran delante” (Marcos 8.6-7).
Observamos acá que para Jesús nada es imposible. Los discípulos dijeron ¿de dónde podrá alguien saciar de pan a estos aquí en el desierto?”. Bien podían decirlo. Sin la mano de Aquel que hizo al principio el mundo de la nada, no hubiera podido realizarse. Pero, en las manos omnipotentes de Jesús siete panes y unos pocos peces resultaron suficientes para satisfacer s cuatro mil hombres. Nada es muy difícil para el Señor.
No dudemos del poder de Cristo para suplir las necesidades espirituales de todo su pueblo. Tiene “pan bastante y aun de sobra” para toda alma que en él confía. Por débiles, enfermos, corrompidos, y vacíos que se encuentren los creyentes, que no desesperen jamás, pues Cristo vive. Hay en él tesoro inagotable de misericordia y gracia, reservado para el uso de todos los miembros creyentes, y listo para ser concedido a todo aquel que en sus oraciones lo pidiera.
No dudemos nunca del cuidado providencial que Cristo se toma para remediar las necesidades temporales de todo su pueblo. Él conoce todas sus necesidades y no permitirá que les falte nada que realmente sea para su bien. Su corazón no ha cambiado después que subió al cielo, y se sentó a la derecha de Dios. Vive aún el que tuvo compasión de la multitud hambrienta en el desierto, y socorrió su necesidad.

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