"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 9 de agosto de 2012

La vid y las ramas

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15.5).
La unión que existe entre el ramo de la vid y el tronco principal es de lo más estrecha que puede concebirse. De ella depende la vida, la fuerza, el vigor, la frescura y la fertilidad del ramo. Separado éste de aquella se marchita y se seca. La savia que afluye del tronco es lo que alimenta las hojas, los botones, las flores y la fruta.
Tan estrecha y tan real como esta unión es la que existe entre Jesucristo y los creyentes. Por sí mismos estos no tienen ni vida, ni vigor, ni fuerza espirituales.
La fuente de su actividad religiosa es Jesucristo. Lo que son, lo que sienten, lo que hacen –todo es debido a la gracia y el poder que él les comunica. Unidos al Señor, por medio de la fe, y ligados a él misteriosamente por el Espíritu, hacen su peregrinación en este mundo y lidian, con buen éxito, contra todos sus enemigos.

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