"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

miércoles, 1 de agosto de 2012

Los misericordiosos

"Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia" (Mateo 5.7).
Es hermosa la conexión entre esta bienaventuranza y las anteriores. La una tiene una tendencia natural de engendrar a la otra. En cuanto a las palabras, parecen ser tomadas directamente del Salmo 18.25: “Con el misericordioso te mostrarás misericordioso”. Eso no quiere decir que nuestra misericordia absolutamente tenga que venir primero. Por el contrario, el Señor mismo expresamente nos enseña que el método usado por Dios consiste en despertar en nosotros compasión hacia nuestros semejantes. En la parábola del siervo malvado, a quien su señor perdonó diez mil talentos, era natural que se esperase que él practicara una pequeña parte de la misma compasión de la cual él había sido objeto, y perdonara a su compañero una deuda de cien denarios. Y sólo cuando en vez de hacerlo lo puso en prisión sin misericordia, hasta que lo pagase todo, fue despertada la indignación de su señor (Mateo 18.23-35; véase cap. 5.23-24; 6.15).
Así que, si bien es cierto que el cristiano debe siempre mirar a la misericordia recibida como la fuente y motivo de la misericordia que él debe mostrar, de igual modo mira hacia adelante a la misericordia que necesita aún, y que tiene la certeza de que los misericordiosos la recibían como una nueva provocación hacia un abundante ejercicio de la misericordia. Los anticipos y comienzos de esta recompensa jurídica se experimentan abundantemente en lo que sigue; su perfección se reserva para aquel día, cuando, desde su gran trono blanco, el Rey dirá: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo: porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui huésped, y me recogisteis; desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí”. Sí; de esa manera se comportó hacia nosotros cuando estaba en la tierra. Puso aun su vida por nosotros; y él no puede dejar de reconocer en los misericordiosos su propia imagen.

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