"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 7 de marzo de 2013

Esperar en Dios

Si leemos la Biblia con atención vamos a encontrar interesantes recomendaciones del Señor. Por ejemplo, por un lado, nos pide que hagamos nuestro trabajo lo mejor posible. Sigan firmes y constantes, trabajando siempre más y más en la obra del Señor” (1 Corintios15.58). Por otro lado, nos manda que quedemos quietos y esperemos en él. Guarda silencio ante el Señor; espera con paciencia a que él te ayude” (Salmo 37.7). Parece contradictorio, pero, no lo es. La enseñanza es que el propósito de Dios no siempre es evidente sino hasta más tarde.
En estos casos, necesitamos mostrar un carácter ejemplar y una fe firme. Mientras trabajamos y esperamos hemos de mostrar algunas virtudes que el Señor produce en nosotros.
La paciencia. Dios no siempre nos responde de inmediato, eso puede desalentarnos. Entonces, podemos tratar de manipular el resultado que pretendemos. Pero, con la ayuda del Espíritu podemos ser pacientes. La confianza. Confiar no es otra cosa que creer que el Señor tiene el poder y el control de todo y que quiere lo mejor para nosotros, a pesar de nuestros pecados, y que dispondrá las cosas para nuestro bien y su honra. La tranquilidad. La confianza en Dios amoroso y lleno de compasión nos da la tranquilidad de espíritu. No hay nada que temer. La firmeza. Podemos estar firmemente aferrados a Jesús, por medio de la fe. Esa fe la produce y la robustece la palabra de Dios. La Palabra es la única verdad firme y eterna, podemos creer. La sabiduría. Cuando nos surjan ideas para solucionar, avanzar, proponer o seguir en la vida, tenemos que identificar la fuente. ¿Son nuestras propias ideas, son del mundo o son del Señor? Con la sabiduría que proviene del Señor, por medio de la Palabra, podemos discernir dónde está él trabajando, qué acción debemos tomar nosotros y cuánto es necesario esperar.
Aunque no vemos a Dios, creemos que él está obrando. La espera nos brinda oportunidades para mostrar al mundo lo que ha hecho en nosotros el poder salvador y transformador de Jesús. Entonces, cuando leemos, “espera con paciencia a que él (el Señor) te ayude”. Podemos esperar en Dios.

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