"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

miércoles, 20 de marzo de 2013

La tierra en oscuridad

“Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde, toda la tierra quedó en oscuridad. A esa misma hora, Jesús gritó con fuerza: “Elí, Elí, ¿lemá sabactani?” (es decir: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”)” (Mateo 27.45-46).
Mirando hacia el sacrificio de Jesús en la cruz, hubo un momento en que Dios, el Padre, le dio la espalda a Jesús. Desde el mediodía y hasta las tres de la tarde, durante ese tiempo, todos los pecados y todas las maldades de la humanidad fueron cargados sobre él.
La tierra se oscureció y nadie podía ver su rostro, sufriendo por nosotros. No sabemos cómo tuvo lugar esta oscuridad, pero es claro que provino de Dios. La naturaleza testificaba de la gravedad de la muerte de Jesús, mientras los amigos y los enemigos de Jesús por igual permanecían en silencio en la oscuridad. Las tinieblas ese viernes por la tarde fueron físicas y espirituales.
Jesús, en ese momento, no estaba cuestionando a Dios; estaba recitando la primera línea del Salmo 22, que expresaba la profunda angustia que sintió cuando tomó sobre sí los pecados del mundo y el Padre lo tuvo que abandonar. Esto fue lo que temió Jesús cuando oró a Dios en el jardín diciendo que se apartara de él esa copa (26.39). La agonía física fue horrible pero fue mucho más el período de separación espiritual de Dios. Jesús sufrió esta muerte doble de modo que nosotros nunca tuviéramos que experimentar la separación eterna de Dios.

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