"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

viernes, 22 de marzo de 2013

Padre tatuaje

Ayer recibí el diario deportivo y vi la tapa completa con una foto de la pierna de Messi. El título grande decía “Padre tatuaje”, porque en su pierna izquierda se tatuó las manos y el nombre de su pequeño hijo. En lo que a tatuajes se refiere, ya nada nos sorprende, pues es algo común y corriente.
Sin embargo, pienso que la Biblia, la palabra de Dios, tiene algo que decir al respecto. Leemos, no se hagan ninguna clase de tatuaje. Yo soy el Señor” (Levítico 19.28). El cuerpo humano fue moldeado por el propio Señor y, por lo tanto, le dio la forma que él considera adecuada, suficiente y bella. Desfigurar el cuerpo deshonra a Dios, a cuya imagen el ser humano es creado. “Pero, ¿me puedo tatuar una flor o una cruz?”, puede preguntar alguien. ¿Dónde ponemos el límite de lo permitido y lo no permitido? Me parece que el texto citado es claro, no se hagan ninguna clase de tatuaje”.
Sólo quiero mencionar lo que escribió el apóstol Pablo: “¿No saben ustedes que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que Dios les ha dado, y que el Espíritu Santo vive en ustedes? Ustedes no son sus propios dueños, porque Dios los ha comprado. Por eso deben honrar a Dios en el cuerpo” (1 Corintios 6.19-20). Pablo concluye con un imperativo, debemos honrar a Dios con nuestro cuerpo. Por ello, no debemos conformarnos a los criterios de este mundo (Romanos 12.2).
Somos valiosos para el Señor tal como nos ha creado. Por eso, como dice el apóstol, “Dios los ha comprado”. El apóstol Pedro, agrega, “y ustedes saben muy bien que el costo de este rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro o la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1.18-19). Motivo suficiente para estar agradecidos a Dios por cómo somos, lo que somos y lo que tenemos.

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