"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

miércoles, 3 de abril de 2013

Inundaciones


Mirando los noticieros, observo el gran daño que han causado las inundaciones en diferentes lugares del país. Momentos desesperantes y angustiantes vivieron y viven miles de personas. Desde mi lugar sólo me queda orar. Pedir al Señor, nuestro Dios Todopoderoso, para que use esta tragedia para cumplir su propósito. Hay una frase que dice: “Dios puede transformar una tragedia en triunfo”.
Por supuesto, es posible que la mayoría de las personas que hoy sufren las consecuencias del temporal no perciban nada de bueno en ello. Es comprensible. No obstante, al confiar en Dios, ya que los hombres fallan, más temprano que tarde, se podrán dar cuenta de que Dios nada permite por casualidad. Dios, en su amor y en su poder, dispone todas las cosas para el bien.
Me acuerdo de un hermoso Salmo y dice en los primeros versículos: Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida y se traspasen los montes al corazón del mar” (Salmo 46.1-2). En cualquier crisis, “Dios es nuestro amparo y fortaleza”. “Amparo” enfatiza su protección; “fortaleza”, la fuerza interior que da. “Pronto auxilio”, recalca que Dios está siempre dispuesto a ayudarnos. “Por lo tanto, no temeremos”, podemos confiar en él. Normalmente, los cristianos creemos que Dios “puede”, pero dudamos de que “esté dispuesto” en este caso. El salmista insiste en que Dios siempre está dispuesto.
Que a cada persona necesitada le “inunde” el amor, la protección, la fortaleza y la paz de Dios. Al confiar en el favor del Señor, con su ayuda, pueda seguir adelante y dar gracias siempre. La vida, vale; lo material vuela.

No hay comentarios:

Publicar un comentario