"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 25 de abril de 2013

No al divorcio

“Se ha dicho: “El que repudia a su esposa debe darle un certificado de divorcio.” Pero yo les digo que, excepto en caso de infidelidad conyugal, todo el que se divorcia de su esposa, la induce a cometer adulterio, y el que se casa con la divorciada comete adulterio también” (Mateo 5.31-32).
El divorcio es tan hiriente y destructivo hoy como lo fue en los días de Jesús. Dios quería que el matrimonio fuera una entrega de por vida (Génesis 2.24). Cuando optan por el matrimonio, las personas nunca deben tener el divorcio como una opción para resolver sus problemas ni como una forma de escapar de una relación que aparentemente está muerta. En estos versículos, Jesús también está atacando a los que a propósito quebrantan el contrato matrimonial y se divorcian para satisfacer sus deseos lujuriosos contrayendo matrimonio con otra persona. ¿Están sus acciones fortaleciendo su matrimonio o lo están desgarrando?
Jesús dijo que el divorcio no es permitido “excepto en caso de infidelidad conyugal”. Esto no significa que el divorcio debiera ocurrir al instante en que uno se entera de la infidelidad del cónyuge. Uno debiera primero intentar perdonar, reconciliarse y restaurar las relaciones. Debemos buscar maneras de restaurar nuestro matrimonio en vez de buscar excusas para romperlo.
El apóstol aconseja: “Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor… esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella” (Efesios 5.22, 25). Un esposo sabio que honra a Cristo no sacará ventaja de su papel, y una esposa sabia que honra a Cristo no procurará menospreciar el liderazgo de su esposo. Si esto se toma en cuenta, se evitará la desunión y la fricción en el matrimonio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario