"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

viernes, 26 de abril de 2013

No al juramento

“También han oído ustedes que se dijo a los antepasados: ‘No dejes de cumplir lo que hayas ofrecido al Señor bajo juramento.’ Pero yo les digo: simplemente, no juren… Baste con decir claramente ‘si’ o ‘no’. Pues lo que se aparta de esto, es malo” (Mateo 5.33-34, 37).
Evidentemente lo que este pasaje significa es que se prohíbe el juramento en el trato común y en casos de frivolidad. Los votos y los juramentos eran comunes, pero Jesús dijo a sus seguidores que no debían jurar, que la palabra debía bastar. ¿Nos conocen como personas de palabra? La veracidad parece ser algo tan raro que sentimos que debemos finalizar nuestra declaración con un “lo juro”. Jurar equivale a confesar que no siempre decimos la verdad. Pero, si decimos siempre la verdad, no tendremos necesidad de respaldar nuestras palabras con una promesa o juramento.
Jesús quiere construir su reino sobre la verdad. Dios es verdad. Y Jesús dijo: "Yo soy... la verdad" (Juan 14.6). El evangelio es la verdad de Dios; el Espíritu Santo es el Espíritu de verdad, y Dios manda que hablemos y andemos en la verdad. Nuestro hablar deber ser sencillo y sincero. No debe ser necesario reforzar nuestras palabras con juramentos. Como leemos en Santiago, “sobre todo, hermanos míos, no juren: ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ninguna otra cosa. Cuando digan “sí”, que sea sí; y cuando digan “no”, que sea no, para que Dios no los condene” (Santiago 5.12).

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