"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 23 de abril de 2013

No mates

“Ustedes han oído que se dijo a sus antepasados: “No mates, y todo el que mate quedará sujeto al juicio del tribunal”. Pero yo les digo que todo el que se enoje con su hermano quedará sujeto al juicio del tribunal” (Mateo 5.21-22).
Según una estadística que leí, una de cada treinta y cinco muertes es por asesinato y la mayoría de ellas por “crímenes pasionales” causados por la ira descontrolada. Jesús no dice que el enojo conduce al homicidio, sino que el enojo es una forma de homicidio.
Existe, lo que podríamos llamar, la “ira santa” contra todo tipo de pecado (Ver Efesios 4.26). Pero, Jesús se refiere acá a una ira pecaminosa contra las personas. La palabra que usa el texto de Mateo significa “ira cultivada, malignidad alimentada en el interior”. La ira pecaminosa es insensata, pues nos hace destruir en lugar de edificar. Quita nuestra libertad y lleva al homicidio en el corazón (1 Juan 3.15). La ira pecaminosa rompe nuestra comunión con Dios y con los hermanos, aunque no nos mete presos como asesinos.
El enojo debe ser encarado honestamente y confesado delante de Dios como pecado. Debemos procurar a la persona ofendida y poner las cosas en orden sin demora. Cuanto más esperamos, peor se torna la esclavitud. Cuando nos negamos a la reconciliación, nos condenamos a una terrible prisión. Con el amor de Cristo podemos resolver el asunto.
En muchos matrimonios, por ejemplo, hay conflictos. Algunos de ellos parecen no tener solución. En todo caso, se deben dar algunos pasos para evitar un desenlace insoluble. En toda desavenencia no se debe culpar sino más bien preguntarse cómo ha surgido el conflicto. También hay que aprender a escuchar el uno al otro. Se debe clarificar el hecho y estar dispuesto a creer o confiar en la verdad. Si había un responsable, hay que dar oportunidad al arrepentimiento y no insistir en la acusación. El perdón debe seguir siempre a la actitud que se asume para comprender el problema. Finalmente, hay que emprender una nueva experiencia juntos. Con Cristo es posible hacerlo.

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