"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

miércoles, 15 de mayo de 2013

El buen pastor

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas… Yo soy el buen pastor y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas” (Juan 10.11, 14-15).
Un pastor es un apacentador, guiador de ovejas; uno que cuida, dirige, guía, atiende, alimenta y protege un rebaño. Acá Jesús declara que él es el buen pastor, cuya genuina preocupación por sus ovejas contrasta con la conducta del asalariado, a quien sólo le interesa su propio beneficio.
Como buen pastor, Jesucristo conoce a todos los creyentes. Él sabe cuáles son nuestros nombres, quiénes son nuestros parientes, en qué lugares habitamos, qué circunstancias nos rodean, qué sentimientos nos agitan o qué sufrimientos nos afligen.
Como buen pastor, Jesucristo vela con ternura por la felicidad de sus discípulos. Él provee para todas nuestras necesidades en el desierto de este mundo y nos conduce por el camino recto a la ciudad de eterna bienaventuranza. Sobrelleva con paciencia las muchas debilidades y flaquezas, y no nos desecha porque vacilemos, erremos, estemos enfermos o inválidos. Nos ampara y protege contra el odio de los enemigos como cuidó Jacob los rebaños de Labán; y de los que el Padre le ha dado no dejará perder ninguno.
Como buen pastor, Jesucristo da su vida por sus ovejas. Lo hizo una vez por todas cuando fue crucificado. Cuando vio que nada sino su sangre podía librarnos del infierno y del poder de Satanás, voluntariamente presentó su cuerpo como ofrenda por nuestros pecados, y por los méritos de esa muerte es que ahora intercede ante el trono del Padre. ¡Es este, en verdad, un amor que sobrepuja todo entendimiento!

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