"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

viernes, 10 de mayo de 2013

La luz del mundo

“Jesús se dirigió otra vez a la gente, diciendo: —Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, tendrá la luz que le da vida, y nunca andará en la oscuridad” (Juan 8.12).
Es posible que el sol estuviese saliendo en el horizonte cuando Jesús pronunció estas palabras (Juan 8.2), de modo que él se comparó con el sol naciente. Así como el sol es la luz natural de este mundo, Jesús es la luz espiritual de la humanidad. Por ser la luz del mundo, Jesús descubre y expone todo tipo de pecado (Juan 8.1-11) y da vista a los ciegos (Juan 9.1-7).
Es probable que Jesús haya estado hablando en el lugar del templo donde se ponían las ofrendas (Juan 8.20) y donde se encendían lámparas que simbolizaban la columna de fuego que guió al pueblo de Israel por el desierto (Éxodo 13.21-22). En este contexto, Jesús dijo ser la luz del mundo. La columna de fuego representaba la presencia, la protección y la dirección de Dios. Jesús trae la presencia, la protección y la guía de Dios para todo aquel que en él cree. Así, el creyente es verdaderamente liberado, tanto del pecado como de la ceguera espiritual. Esta es la verdad auténtica del evangelio y una parte del significado de las palabras de Jesús: “El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Cualquiera que se aleja de la luz se encontrará en tinieblas.
¿Es Jesús la luz de tu mundo?

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