"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 6 de junio de 2013

La vid

“Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el que la cultiva… Yo soy la vid, y ustedes son las ramas. El que permanece unido a mí, y yo unido a él, da mucho fruto; pues sin mí no pueden ustedes hacer nada” (Juan 15.1, 5).
La vid es una planta fructífera; una sola planta puede producir muchas uvas. En el Antiguo Testamento, las uvas simbolizaban la capacidad de Israel de llevar fruto haciendo la obra de Dios.
Cristo es la vid y Dios es el labrador que cuida de los pámpanos para lograr que produzcan fruto. Los pámpanos son todos los que se declaran seguidores de Cristo. Los pámpanos fructíferos son los creyentes que, mediante su unión viva con Cristo, llevan mucho fruto. Pero a los que se tornan improductivos, a los que se arrepienten de seguir a Cristo después de comprometerse superficialmente, se les separará de la vid. Ser improductivos es como estar muertos, por lo cual los cortarán y los echarán fuera.
El fruto no se limita a ganar almas. En este capítulo, la oración respondida, el gozo y el amor se mencionan como fruto (15.7, 11, 12).
Permanecer en Cristo significa creer que él es el Hijo de Dios (1 Juan 4.15); creer que él es el Señor y Salvador (Juan 1.12); hacer lo que Dios dice (1 Juan 3.24); seguir creyendo en el evangelio (1 Juan 2.24) y relacionarse en amor con la comunidad de creyentes (Juan 15.12).

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