"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 16 de enero de 2014

Alimento


“Pero a toda bestia de la tierra, a todas las aves de los cielos y a todo lo que tiene vida y se arrastra sobre la tierra, les doy toda planta verde para comer. Y fue así” (Génesis 1.30).

Esta provisión de Dios para el hombre no debe tomarse como una orden que prohíbe comer carne de animales. Si bien es aceptable adoptar un estilo de vida vegetariano, no se debe utilizar este pasaje como fundamento. La intención aquí es resaltar que el ser humano depende totalmente de Dios para su alimentación y que Dios es generoso. Él no sólo creó al ser humano, sino que también se ocupó y se ocupa por su bienestar. En la antigüedad, esta idea de un Dios benévolo para con su creación era revolucionaria. La declaración, “mirad, os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, así como todo árbol en que hay fruto y da semilla. De todo esto podréis comer”, del versículo 29, provee un contraste con la ideología de la antigua Mesopotamia, en la cual el ser humano es creado para alimentar a los dioses. El relato de Génesis viene a liberarlo de ese yugo y a ofrecerle una alternativa de vida en la cual Dios suple todas sus necesidades.
El Señor no sólo otorga lo material sino también, y por sobre todo, lo espiritual, como lo expresó Pablo: “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús” (Filipenses 4.19). Podemos confiar en que Dios suplirá siempre nuestras necesidades. Él nos provee todo lo que necesitamos en esta tierra, aun el valor para enfrentar la muerte. Él provee todo cuanto necesitamos para ir al cielo. Todo lo ofrece en Cristo, quien murió y resucitó por nuestros pecados. Ese alimento espiritual está en la Biblia, la palabra de Dios.

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