"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 2 de enero de 2014

Arar y sembrar

“Cuando ya ha preparado su superficie, ¿no esparce el eneldo, siembra el comino, pone el trigo en hileras, la cebada en el lugar señalado y la avena en su borde apropiado?” (Isaías 28.25)

Para comprender un poco mejor el texto principal de hoy es importante prestar atención al contexto. Dice así: Estad atentos y oíd mi voz; atended y oíd mi dicho: El que ara para sembrar, ¿arará todo el día? ¿Sólo romperá y quebrará los terrones de la tierra? Cuando ya ha preparado su superficie, ¿no esparce el eneldo, siembra el comino, pone el trigo en hileras, la cebada en el lugar señalado y la avena en su borde apropiado? Porque su Dios lo instruye y le enseña lo recto” (Isaías 28.23-26).
Así como Dios instruye al hombre que ara en materias agrícolas, así quiere instruir a cada persona en su vida. Él adapta su método, su propósito y su disciplina a cada persona. Para eso usa su santa Palabra, la Biblia.
En las primeras palabras, como un profesor, pide completa atención a sus oyentes. En lo que sigue, él recuerda al lector que el arar es para sembrar. Esto ocurre en el tiempo oportuno y con el propósito definido. El método se adapta a cada semilla. Según lo último que leemos acá, Dios ordena cómo debe ocurrir la siembra.
Así como el labrador tiene diferentes tareas para realizar y debe adaptarse a cada una de ellas, sea al arar, al sembrar o al trillar, Dios hace lo que sea necesario para cumplir sus propósitos eternos en cada uno de los suyos. Él sabe exactamente qué herramienta emplear y el momento preciso de utilizarla para el bien.
Podemos confiar en que el Señor pondrá en marcha la estrategia correcta en el momento justo, a fin de que su propósito se cumpla y traiga perdón, esperanza, paz y vida abundante. En Cristo Jesús eso ocurre por gracia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario