"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

lunes, 6 de enero de 2014

Arrancar y plantar

“Mira que te he puesto en este día  sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y destruir,  para arruinar y derribar, para edificar y plantar” (Jeremías 1.10.

Dios eligió al joven profeta Jeremías para que llevara su Palabra a las naciones y a los reinos de aquel entonces. El trabajo era advertirle no sólo a los judíos, sino a todas las naciones del mundo acerca del juicio de Dios sobre el pecado.
Él debía decirles lo que estaba bien y lo que estaba mal con ellos. Él debía colocar delante de ellos la vida y la muerta, el bien y el mal, según la declaración de Dios. Él debía asegurar a aquellos que persistían en su impiedad de que serían arrancados y destruidos, y que aquellos que se arrepentían serían edificados y plantados.
Al leer el Antiguo Testamento, no olvidemos que si bien Dios trabajaba constantemente a través del pueblo de Israel, su plan era comunicarse con cada nación y persona. Estamos incluidos en el mensaje de juicio y de esperanza de Jeremías y, como creyentes, debemos tener el mismo deseo de Dios de alcanzar al mundo entero para él.
El ministerio profético, como vemos, era muy importante. Sin embrago, el ministerio del evangelio se muestra aún más honroso en virtud de aquel poder asegurado que Cristo, el que murió a favor de los pecadores, ha dado a sus apóstoles para perdonar y retener los pecados. Leemos: “A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados, y a quienes se los retengáis, les serán retenidos” (Juan 20.23). Además, atar y desatar. También leemos: “De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo” (Mateo 18.18). Esto en nombre de Cristo Jesús.

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