"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

viernes, 10 de enero de 2014

El sembrador

“Oíd: El sembrador salió a sembrar” (Marcos 4.3).

El Señor Jesús comenzó esta parábola pidiendo la atención de sus oyentes: “Oíd”. Escuchar y prestar atención es muy importante en los asuntos espirituales. Esto porque, como dijo Pablo, “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10.17). Por eso, Jesús agregó acá en la parábola “el que tiene oídos para oír, oiga” (Marcos 4.9).
“El sembrador salió a sembrar”, dijo el Señor. Más adelante explicó: “El sembrador es el que siembra la palabra” (Marcos 4.14). Tenemos clara la idea. El sembrador es el mensajero, el anunciador, el proclamador. Lo que se siembra, la semilla, es la Palabra. En este caso se refiere a la palabra de Dios.
En los tiempos de Jesús la semilla se sembraba a mano. El agricultor iba por el terreno lanzando puñados de semillas que sacaba de unos sacos grandes que llevaba colgado de los hombros. Las plantitas no crecían en el orden que crecen ahora gracias a la maquinaria que se utiliza. Por diestro que fuera el agricultor, no podía evitar que las semillas cayeran en el camino o entre las piedras y las espinas, ni que las arrastrara el viento. Lanzaba las semillas en abundancia y lograba que gran parte de estas cayeran en buena tierra asegurando la cosecha.
El sembrador siembra la Palabra, no pasa el tiempo explicándola, interpretándola o discutiéndola; siembra la Palabra, no desperdicia el tiempo censurando cualquiera de las sectas que hay en el mundo; siembra la Palabra, no sus propias ideas u opiniones; siembra la Palabra y no se muestra a sí mismo. Siembra la Palabra y presenta a Cristo, como Juan el Bautista, diciendo: “¡Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1.29).
Es posible que “irá andando y llorando el que lleva la preciosa semilla, pero al volver vendrá con regocijo trayendo sus gavillas” (Salmo 126.6).

No hay comentarios:

Publicar un comentario