"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

viernes, 3 de enero de 2014

La Semilla

“El que siembra la semilla representa al que anuncia el mensaje” (Marcos 4.14).

Jesús hablaba por parábolas y, a través de las historias que contaba, enseñaba a la gente. Una parábola usa escenas conocidas para explicar verdades espirituales. Este método de enseñanza obligaba a los oyentes a pensar. La mayoría de las parábolas tiene un punto central, por lo cual debemos ser cuidadosos en no ir más allá de lo que Jesús quiso enseñar.
En este caso, Jesús usa el ejemplo de la semilla que se siembra. La semilla representa la palabra de Dios y el sembrador es el siervo del Señor que comparte el mensaje con otros. El corazón humano es como la tierra, debe ser preparado para recibir la semilla de modo que ésta engendre raíces y produzca frutos. Así como la semilla, la Palabra es viva y capaz de producir frutos espirituales, pero la semilla debe ser plantada y cultivada antes de que venga la cosecha.
El apóstol Pablo dijo a los corintios que él sembró, Apolos regó y Dios dio el crecimiento (1 Corintios 3.6). Lo que sembró lo podemos resumir con estas palabras: “Ahora, hermanos, quiero que se acuerden del evangelio que les he predicado. Este es el evangelio que ustedes aceptaron, y en el cual están firmes. También por medio de este evangelio se salvarán, si se mantienen firmes en él, tal como yo se lo anuncié; de lo contrario, habrán creído en vano. En primer lugar les he enseñado la misma tradición que yo recibí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que lo sepultaron y que resucitó al tercer día, también según las Escrituras” (1 Corintios 15.1-4).

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