"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

miércoles, 15 de enero de 2014

Plantado por Dios

“Pero respondiendo él (Jesús), dijo: -Toda planta que no plantó mi Padre celestial será desarraigada” (Mateo 15.13).

El creyente en Cristo con frecuencia es comparado con un árbol en la Biblia. Consideremos las palabras del primer Salmo: “Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado, sino que en la ley de Jehová está su delicia y en su Ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo y su hoja no cae, y todo lo que hace prosperará” (Salmo 1.1-3).
 
Bajo esta figura está enfatizado el pensamiento de que para que una planta pueda prosperar, debe ser plantada por Dios. Para que los seres humanos vivamos para la gloria de Dios y creamos para entrar en el cielo, tenemos que haber sido arraigados tan firmemente que hemos llegado a ser “una planta con” Cristo; hemos de “crecemos juntos” en la semejanza de su muerte y de su resurrección. Esto es por gracia, por medio de la fe.
 
Sin embargo, en el pasaje presente, Jesús habla de los cultivos que su “Padre celestial” no ha plantado. Tales cultivos nos recuerdan la cizaña que el diablo plantó (Mateo 13.25, 39). Estaba destinada a ser desarraigada y echada en el fuego (Lucas 17.6; Juan 15.5). Eso es lo que va a ocurrir en el tiempo del juicio final. Los críticos de Cristo pertenecen a este grupo. Los que ponen su confianza en ellos van a ser desarraigados junto con ellos. Esto explica la exhortación de Cristo.

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