"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 9 de enero de 2014

Recogió y almacenó

“Y él recogió todo el alimento de los siete años de abundancia que hubo en la tierra de Egipto, y almacenó alimento en las ciudades, poniendo en cada ciudad el alimento de los campos de alrededor” (Génesis 41.48).

José tenía treinta años cuando llegó a ser el gobernador de Egipto. Entonces, recorrió toda la tierra para tener un conocimiento exacto de los recursos materiales y humanos disponibles. Con los datos obtenidos determinó áreas de cultivo, distribuyó el trabajo en la forma más apropiada e impartió las responsabilidades. Estas acciones aseguraron una producción agrícola abundante, aprovechando las condiciones favorables de la tierra. De la producción cuantiosa durante los siete años se almacenó en cada ciudad todo el excedente. El almacenamiento no fue en un lugar centralizado para asegurar una distribución rápida y equitativa.
Varias lecciones podemos aprender de este incidente. Hay muchos lugares donde existe escasez y hambre en el mundo de hoy día, mientras que en otros hay abundancia. En el caso de Egipto, Dios reveló al faraón acerca del hambre. Un hombre de Dios, José, interpretó ese problema y ejecutó un plan previsor y con el propósito de asegurar la sobrevivencia humana. Hoy día también se pueden evitar situaciones de hambre si hombres de Dios y naciones con capacidad de producción, se hacen responsables de desechar la codicia de poder y el enriquecimiento desmedido en perjuicio de la vida de tantos seres humanos. No es la escasez mundial la que causa el hambre, sino el abuso de los recursos por algunos pocos. La mala distribución y la codicia de unos pocos son el problema.
Como hijos de Dios, podemos recoger, almacenar y distribuir de lo que el Señor nos ha dado. En especial, el alimento espiritual, el evangelio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Evangelio que dice que él nos ama, perdona y salva. Jesús dijo: “No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4.4).

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