"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 20 de febrero de 2014

Esperanza

Nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios
(Romanos 5.2b).

“La esperanza del cielo es la gran solución de Dios para la angustia acá en la tierra”, dice una frase que leí hace poco. El cristiano no tiene razón alguna para temer el futuro y tiene todas las razones para regocijarse en él, debido a que tiene la “esperanza” asegurada por Dios de que su destino último es participar en la misma “gloria de Dios”. Jesucristo garantiza la esperanza del creyente porque él mismo es nuestra esperanza (Ver 1 Timoteo 1.1). Pablo escribió: Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, esperanza de gloria” (Colosenses 1.27).
En su maravillosa oración como sumo sacerdote, Jesús dijo a su Padre celestial: “Yo les he dado la gloria que me diste, para que sean uno, así como nosotros somos uno” (Juan 17.22). Un creyente no se gana ni merece su gloria futura en el cielo, pero habrá de recibirla de la mano del Dios de gracia, por medio de la fe, así como recibió el perdón de los pecados cuando confió por primera vez en Cristo y la santificación a partir de ese momento.

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