"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

viernes, 28 de febrero de 2014

Su fruto

pues todo árbol se conoce por su fruto, ya que no se cosechan higos de los espinos ni de las zarzas se vendimian uvas”
(Lucas 6.44).

La ilustración del árbol recuerda que los frutos siempre corresponden al carácter. Un naranjo produce naranjas y no manzanas; una persona buena produce frutos buenos. Es verdad que los cristianos pecan, pero el testimonio de sus palabras y de sus obras siempre coopera para la gloria de Dios.
La figura del “fruto” incluye todas las diversas formas en que una persona se expresa: sus actitudes, palabras, hechos, etc. Incluye su conversación, su confesión, su enseñanza. Esto es claro a partir del Lucas 6.45b: “De la abundancia del corazón habla su boca”. También incluye sus actos, su conducta general; en realidad, toda su vida según se manifiesta Santiago: “Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3.17-18).

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