"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

jueves, 6 de marzo de 2014

Bendición

Y, sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor”
(Hebreos 7.7).

En este versículo, el autor menciona la grandeza de Melquisedec, el rey de Salem –ver el contexto–, destacando que él recibió el diezmo de Abraham y también tuvo la autoridad divina de bendecirlo. La bendición acá referida no es una simple expresión de deseo, lo que puede ser hecho por un inferior a uno superior. Pero, es la acción de una persona “autorizada” a declarar las “intenciones” de Dios, confiriendo buenas dádivas de bendición a otro. Tal acción sólo tiene validez cuando es hecha por alguien superior. Melquisedec estaba autorizado a bendecir al patriarca Abraham, porque era mayor que éste, pues “sin discusión alguna, el menor [Abraham] es bendecido por el mayor [Melquisedec]”.
Mencionado sólo dos veces en el Antiguo Testamento (Génesis 14.18-20; Salmo 110.4), Melquisedec es un tipo de Cristo en su ministerio como Sumo sacerdote. Como Melquisedec, Jesucristo es un sacerdote universal; Sacerdote y Rey al mismo tiempo. Él quiere y puede darnos toda bendición necesaria para nuestra vida presente y eterna.

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