"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 18 de marzo de 2014

Gracia

“de gracia recibisteis, dad de gracia”
(Mateo 10.8).
 
Jesús enseñó a sus discípulos un principio que debía guiarlos al salir a predicar: “De gracia recibisteis, dad de gracia”. Aquellos que habían recibido el poder para curar y hacer otros milagros, tenían la oportunidad de enriquecerse. ¿Quién no compraría un milagro a cualquier precio? Por lo tanto, son aconsejados a no lucrar con el poder que habían recibido. Ellos debían ayudar, debían dar de gracia, para ejemplificar aún más la naturaleza y el carácter del evangelio de Cristo. Pablo escribió: “Son justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Romanos 3.24).
Dios nos da “de gracia”; el diablo nos da “desgracia”.
Como Dios ha derramado sus bendiciones sobre nosotros –perdón, vida y salvación– podemos dar a otros con generosidad nuestro tiempo, amor, consuelo, ayuda, bienes, etc.

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