"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

lunes, 23 de junio de 2014

Bajo la gracia

En la obra “Los miserables”, un fugitivo de la prisión es recibido por un sacerdote. Después de comer y beber, el ladrón es acomodado en una agradable cama. Allí espera a que todos en la casa se duerman, se levanta y roba toda la platería de la iglesia, sólo deja los candelabros. El ladrón huye de la casa parroquial, pero es atrapado por la policía, que lo lleva ante el sacerdote. Con el ladrón de rodillas, el policía le pregunta al sacerdote: “¿Esta platería es la iglesia?”. El sacerdote toma la bolsa en sus manos, observa el contenido, y responde: “Sí, lo es. Yo lo di todo a este pobre hombre. Pero, él se olvidó los candelabros”. Por este acto de bondad del sacerdote, la vida del ladrón cambió radicalmente. Antes, ninguna ley era capaz de convencerlo de que actuara honestamente. Ahora, podía obrar con rectitud.
Esta es también la historia de todos nosotros. Recibimos la vida de Dios, pero respondemos con pecado y falta de amor. Dios ve nuestra ingratitud y no nos castiga. Al contrario, él dio a su Hijo Jesús para morir en nuestro lugar. Sin que lo merezcamos, la gracia de Dios nos alcanza y cambia nuestro ser y nuestro vivir. El apóstol Pablo escribió que por el bautismo fuimos sepultados con Cristo, y morimos para ser resucitados y vivir una vida nueva, así como Cristo fue resucitado por el glorioso poder del Padre” (Romanos 6.4).
Ahora, vivimos bajo la gracia de Dios, no necesitamos reglas que nos obliguen a amar a Dios y al prójimo. A partir de la gracia, amamos a Dios y al semejante libremente, con un espíritu voluntario. Un corazón alcanzado por la gracia de Dios ya no está dominado por la ley, sino por el amor de Dios.

 

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