"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 3 de junio de 2014

Justicia y paz

“Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz” (Santiago 3.18).

Existe una diferencia entre los resultados producidos por las manos humanas y los frutos dados por Dios. El fruto es producto de la vida y contiene dentro de sí las semillas para dar más frutos. Estamos acostumbrados colocar en la tierra la semilla, pero acá, el fruto es sembrado. Al compartir los frutos de Dios con otras personas –el amor de Dios el Padre; el perdón en Cristo Jesús; la presencia del Espíritu Santo por medio de la Palabra–, esas personas son alimentadas, saciadas y, a su vez, dan más frutos.
La vida cristiana es una siembra y una cosecha. Cosechamos lo que sembramos. El sabio siembra justicia y no pecado. Siembra paz y no guerra. Lo que somos, lo vivimos y lo que vivimos, lo sembramos. Lo que sembramos determina lo que cosechamos. Tenemos que sembrar la paz y no problemas a nuestro alrededor.
El espíritu del testimonio cristiano es casi tan importante para el progreso del reino de Dios como la verdad que proclamamos. El apóstol Santiago parece traer una enseñanza de nuestro Señor Jesucristo, quien dijo: “Bienaventurados los pacificadores, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5.9).

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