"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

martes, 17 de junio de 2014

"Yo le responderé"

“Me invocará y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y lo glorificaré”
(Salmo 91.15).

"¡Dios no responde a mis oraciones!". Esta es la queja de muchos. ¿Dios nos ignora? En realidad, estamos acostumbrados a pensar que Dios sólo responde a las oraciones cuando las atiende con un "sí". Sin embargo, muchas oraciones son contestadas por Dios con un indeseado "no". Aunque diga "no" a algunas de nuestras peticiones, Dios promete estar siempre con nosotros.
Esto significa que Dios está con nosotros aun cuando no somos librados de enfermedades mortales. Dios está del lado del padre y de la madre que sufren por los hijos. Él es la compañía de los que lloran la pérdida de un ser querido. Dios está cerca de todos los que lo invocan, como él dijo: “Me invocará y yo le responderé; con él estaré yo en la angustia; lo libraré y lo glorificaré” (Salmo 91.15). La presencia de Dios es la respuesta a cada oración que hacemos, sin importar si nuestras demandas son atendidas o no.
En el Salmo 91, Dios promete que sus ángeles se ocuparán de nosotros y nos protegerán dondequiera que estemos. Él también anuncia que todos los que le aman serán salvos, recibirán larga vida y verán que él es nuestro Salvador. Así, en las horas de dolor –y en cualquier otro momento–, Dios contesta nuestras oraciones haciéndose presente a nuestro lado.
Más allá de eso, Dios no se limita a responder nuestras oraciones. El mayor regalo que hemos recibido no fue la respuesta a una oración, sino que es una dádiva gratuita. La vida eterna con Dios, este maravilloso regalo, fue conquistado por Cristo Jesús, el Emmanuel, que en hebreo significa “Dios con nosotros”. En Jesús, Dios está con nosotros. Ante esto, nuestro mayor regalo no son sus respuestas a nuestras oraciones, sino el don que, de gracia, recibimos de Dios en el Emanuel.

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