"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

miércoles, 30 de julio de 2014

Junto a mí

 “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno,
porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmo 23.4).

Solemos cantar una canción que dice:
Cristo está conmigo,
junto a mí va el Señor.
Me acompaña siempre,
en mi vida hasta el fin.
Este estribillo parece expresar el sentir del salmista: La plena seguridad de que nuestro generoso y amado Padre celestial nos acompaña en todos los caminos de la tortuosa vida presente. La promesa segura del Señor está escrita: “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán” (Isaías 43.1-2).
Al presentar a Dios como pastor, David sabía lo que decía por experiencia propia, ya que él pasó muchos años cuidando ovejas. Sabía que el Señor, su siempre presente Defensor lo acompañaba. “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo”.
“La muerte proyecta una sombra aterradora sobre nuestra vida porque estamos completamente indefensos cuando llega. Podemos luchar con muchos otros enemigos –dolor, sufrimiento, enfermedad, daños– pero la fortaleza y el ánimo no pueden vencer a la muerte. Esta tiene la palabra final. Solo una persona puede caminar con nosotros a lo largo del valle sombrío de la muerte y hacernos pasar hasta el otro lado a salvo: el Dios de la vida, nuestro pastor. La vida es incierta, y por eso debemos seguir a este pastor que nos ofrece eterno solaz” (Biblia del diario vivir).
Recordemos que, por su gracia y por medio de la fe, “Cristo está conmigo, junto a mí va el Señor”.

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