"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

lunes, 4 de agosto de 2014

Amnistía

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación (2 Corintios 5.19).
 
Según la enciclopedia digital Wikipedia, “amnistía es una causa de extinción de la responsabilidad penal. Es un acto jurídico, normalmente emanado del poder legislativo, porque una pluralidad de individuos que habían sido declarados culpables de un delito pasan a considerarse inocentes por desaparición de la figura delictiva”.
Una doctrina bíblica muy consoladora es la que encontramos en el texto citado y que los teólogos llaman “justificación objetiva”. ¿Qué significa eso? Consideremos el texto con más detenimiento.
“Dios estaba en Cristo reconciliando”. Hay dos maneras de entender esta frase. Una, podemos decir que Dios estaba en Cristo en el sentido de que el Señor Jesucristo es Dios. Esto es ciertamente verdad. Otra, podemos decir que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo, pero lo estaba haciendo en la persona de Cristo. Aceptemos la interpretación que aceptemos, queda clara la verdad de que Dios estaba reconciliando consigo al mundo culpable por los pecados cometidos en pensamientos, palabras y acciones.
“Reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados”. A primera vista, este versículo parece enseñar la salvación universal, que todos los hombres serán salvos por la obra de Cristo. Esta enseñanza no está de acuerdo con la Biblia. Dios borró los pecados del “mundo”, eso es, él ha provisto el camino para la reconciliación de todos, pero es efectivo sólo para aquellos que están en Cristo. Las transgresiones de los no creyentes serán tenidas en cuenta, pero en el momento en que esos hombres confían en el Señor Jesús como Salvador, son contados como justos en él, y les son borrados sus pecados.
La tragedia es que no todo el mundo haya aceptado la amnistía. Sin embargo, para quienes creemos en Cristo hay un consuelo inmenso en el hecho de que nuestra reconciliación con Dios fue cumplida en Cristo y que estaba allí, esperándonos, ya antes de que creyéramos.
Ahora, “nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación”. Dios nos ha confiado el maravilloso privilegio de salir y predicar este glorioso mensaje a todos en todas partes.

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