"Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí"
Juan 14.6

viernes, 1 de agosto de 2014

Anunciamos a Cristo

“Nosotros anunciamos a Cristo, aconsejando y enseñando a todos en toda sabiduría, para presentarlos perfectos en Cristo” (Colosenses 1.28).

Si leemos estas palabras rápida y superficialmente nos parecerán como una frase muy sencilla y de poca importancia. Pero, si observamos el contexto de este versículo, su significado pasa a ser maravilloso. Personalmente, me quedo leyendo y releyendo estos versos. Observemos, con atención, a quién Pablo está anunciando, con consejos y enseñanzas.
 
“Cristo es la imagen visible de Dios, que es invisible; es su Hijo primogénito, anterior a todo lo creado. En él Dios creó todo lo que hay en el cielo y en la tierra, tanto lo visible como lo invisible,… Cristo existe antes que todas las cosas, y por él se mantiene todo en orden. Además, Cristo es la cabeza de la iglesia, que es su cuerpo. Él, que es el principio, fue el primero en resucitar, para tener así el primer puesto en todo. Pues en Cristo quiso residir todo el poder divino, y por medio de él Dios reconcilió a todo el universo ordenándolo hacia él, tanto lo que está en la tierra como lo que está en el cielo, haciendo la paz mediante la sangre que Cristo derramó en la cruz” (Colosenses 1.15-16, 18-20).
“Nosotros anunciamos a Cristo”, dijo Pablo. ¡Qué persona, qué tema, qué asunto más admirable para anunciar al mundo! Por supuesto, el Cristo que Pablo anunciaba no era un simple hombre, sino mucho más que eso. Cristo es el Hijo de Dios que existía antes de la creación, pues es el eterno Dios; que participó de la creación del mundo; que sostiene todo lo creado con su poder; que, por amor, nos reconcilió con el Padre, por su muerte y resurrección. “Nosotros anunciamos a Cristo”, dijo Pablo. Nosotros hoy, no podemos dejar de anunciar lo que hemos visto y oído.

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